Y pasan los días y aquel viaje que prometía tanto no me dice nada. No me apetece. No tengo ganas. A mí, para quien viajar lo es todo, no quiere ir de viaje. ¿Debería empezar a preocuparme? No lo sé, pero lo hago, cada día en mi mente se forman ideas que sé que nunca deberían estar ahí. No quiero que nadie se de cuenta, pero soy buena escondiendo mis pensamientos. La gente se sorprende cuando sin motivo aparente lloro, grito, me enfado. ¿Realmente nadie se da cuenta de lo que me he estado guardando?
Pero esto es diferente, me doy cuenta de que llegan a ser ideas peligrosas y las reprimo lo más fuerte que puedo pero cada vez aparecen con más frecuencia y con más fuerza. Y me da miedo.
La apatía, la indiferencia se estan apoderando de mí. Y pongo mi sonrisa, esa sonrisa que no siento, esa sonrisa que está alejada de lo que se supone que la genera, la felicidad, el bienestar. Quiero ser visible, quiero que alguien se de cuenta de que algo está ocurriendo.
¿Soy una cobarde? Sí, lo soy. Probablemente soy la persona más cobarde en cuanto a sentimientos se refiere, no soy capaz de expresarlos. ¿Por vergüenza?¿Por miedo a las reacciones? Supongo que en algún momento tendré que descubrirlo. Pero ahora mismo no me apetece, siento que me quedo sin fuerzas. Que cada día tengo menos motivos para levantarme de la cama. Ya se que hay mucha gente que me llamaría egoísta, caprichosa, inconformista. Y no lo negaré nunca dije que no lo fuese. Pero ahora mismo mis sueños son cada vez más inalcanzables y la realidad es todavía más dura. Ya dije que era una cobarde, pero quizás esté cansada de luchar. Luchar por que alguién se de cuenta de que no estoy dentro de la masa, que yo tamién puedo destacar en algo, que soy buena en algo. Pero nunca llega esa palmadita en la espalda, ese refuerzo positivo aunque las cosas no vayan perfectas.
Ese viaje... ese viaje supone cumplir algo que llevaba años buscando y ahora... ahora... no tengo interés, me da igual...
No hay comentarios:
Publicar un comentario